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La romantización del agotamiento

27 de febrero de 2026 por
La romantización del agotamiento
FUNGISHOP
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Cuando estar “a full” se vuelve identidad

Hay una frase que se repite con orgullo:

“Estoy a full.”
Se dice casi como una medalla. Como prueba de relevancia. Como evidencia de que uno es necesario, productivo, demandado.
Estar ocupados dejó de ser una circunstancia.
Se convirtió en validación social. Si estás cansado, es porque estás haciendo cosas. Si no tenés tiempo, es porque tu agenda importa. Si vivís corriendo, es porque tu vida vale. Pero ¿qué pasa cuando el agotamiento deja de ser un estado transitorio y se transforma en identidad?

El cansancio como capital simbólico

En muchos entornos laborales y sociales, la sobrecarga funciona como capital simbólico. Decir que no tenés tiempo comunica estatus. Implica que tu trabajo, tu presencia o tu rol son demandados.

El descanso, en cambio, puede leerse como falta de ambición.

El tiempo libre como improductividad.

La pausa como desinterés.

Así, el agotamiento se normaliza. Se espera. Se celebra.

Y lo más problemático: se internaliza.

Vivir en modo exigencia permanente

El cuerpo no está diseñado para sostener activación constante.

Cuando vivimos en estado de urgencia continua —plazos, estímulos digitales, demandas laborales, presión económica— el sistema nervioso simpático se mantiene activo más tiempo del que debería.

Eso implica:

– elevación sostenida de cortisol

– alteración del sueño

– inflamación de bajo grado

– cambios en la microbiota intestinal

– disminución de la capacidad de recuperación

No es dramático al principio.

Es acumulativo.

El problema no es un pico de estrés.

Es no volver nunca a la línea de base.

Inflamación silenciosa y desgaste

La ciencia actual describe un fenómeno cada vez más frecuente: inflamación crónica leve asociada al estilo de vida.

No se manifiesta como enfermedad aguda, sino como desgaste persistente:

– cansancio que no se resuelve durmiendo

– infecciones recurrentes

– problemas digestivos

– niebla mental

– contracturas constantes

El cuerpo se adapta, pero a un costo.

Y mientras tanto, socialmente seguimos diciendo:

“Estoy a full.”

Cuando el agotamiento se vuelve identidad

El riesgo más profundo no es fisiológico.

Es cultural.

Si asociamos nuestro valor con nuestra ocupación permanente, frenar se vuelve amenazante. Descansar genera culpa. Bajar el ritmo implica perder validación.

Entonces seguimos.

No porque queramos.

Sino porque no sabemos quiénes somos sin esa velocidad.

Regulación antes que rendimiento

El sistema inmune, el eje hormonal y el sistema nervioso necesitan alternancia: activación y descanso.

Sin esa oscilación, aparece el desgaste.

En este contexto, hablar de regulación no es debilidad. Es estrategia biológica.

Dormir mejor.

Reducir hiperestimulación.

Sostener ritmos más humanos.

Acompañar al cuerpo con soporte adaptogénico cuando el estrés es inevitable.

No para producir más.

Sino para no rompernos en el intento.

Tal vez el verdadero estatus sea otro

Quizás el nuevo símbolo de estabilidad no sea estar “a full”, sino poder decir:

“Estoy bien.”

Sin agotamiento crónico.

Sin inflamación constante.

Sin vivir en modo supervivencia.

Porque un cuerpo regulado no hace más ruido.

Pero dura más.

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El sistema inmune tambien se agota
( y nadie habla de eso )